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Mostrando entradas de agosto, 2018

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Capítulo 44 Thomas se sentó con la cabeza apoyada en la pared y los brazos cruzados. Teresa se había sentado con las piernas dobladas, de cara a él. Minho le había advertido que no la escuchara y que se alejara de ella. —Bueno —dijo la chica. —Bueno. —¿Por dónde empezamos? —Esto ha sido idea tuya. Dímelo tú. Si no tienes nada que decir, lo damos por concluido. Teresa suspiró. —Quizá podrías empezar dándome el beneficio de la duda y dejar de actuar como un capullo. Sí, sé que hice cosas en la Quemadura, pero también sabes por qué las hice: para salvarte a la larga. Entonces no sabía que se trataba de Variables y patrones. ¿Me crees? Háblame como una persona normal. Thomas dejó que el silencio inundara el aire por unos instantes antes de responder. —Vale, muy bien. Pero me dejaste tirado en CRUEL, lo que demuestra que… —¡Tom! —gritó, y por su expresión se diría que le habían dado una bofetada —. ¡No os dejamos tirados! ¿Qué dices? —¿Qué dices tú? —Thomas no comprendía...

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Capítulo 40 No había ni rastro de los guardias que les escoltaron hasta allí, pero se veían más raros que cuando entraron a la bolera. La mayoría parecía esperar a los recién llegados. Probablemente habían oído los sonidos del lanzagranadas y los gritos del tío al que habían disparado. O quizás alguien había salido a decírselo. En cualquier caso, Thomas sintió como si las personas que le miraban hubieran traspasado el Ido y tuvieran ganas de comer humanos. —Mirad a esos idiotas —dijo alguien. —¡Sí, no tienen mala pinta! —contestó otro—. Venid a jugar con los raros. ¿O ya ibais a uniros a nosotros? Thomas siguió avanzando en dirección a la entrada arqueada de la Zona Central. Había soltado el brazo de Minho, pero continuaba agarrado a la mano de Brenda. Marcharon a través de la muchedumbre, aunque al final él tuvo que apartar la mirada de los ojos de la gente. Lo único que veía en los innumerables rostros ensangrentados y destrozados era locura, sed de sangre y celos. Quer...

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Capítulo 37 Aquellas palabras fueron como una puñalada para Thomas, que no podía ni imaginarse cómo se sentiría Minho. —Muéstranos dónde está —ordenó secamente su amigo. El guardia levantó las manos. —¿No has oído lo que acabo de decir? —No has terminado tu trabajo —insistió Thomas. Estaba con Minho al cien por cien. No importaba lo que hubiera dicho Newt: si estaban tan cerca, irían a hablar con él. El guardia más bajo negó con la cabeza categóricamente. —Ni hablar. Nos pedisteis que encontráramos a vuestro amigo y lo hemos hecho. Dadnos el dinero. —¿Os parece que estamos ya con él? —preguntó Jorge—. Nadie recibirá un dólar hasta que estemos todos juntos. Brenda no dijo nada, pero se quedó al lado de Jorge y asintió para mostrar su apoy o. A Thomas le alivió que todos estuvieran de acuerdo y quisieran ir en busca de Newt, pese al mensaje que les había enviado. Los guardias no estaban nada contentos e intercambiaron unos cuantos susurros, discutiendo. —¡Eh! —espetó M...

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Capítulo 34 A la mañana siguiente, Thomas se sorprendió al comprobar lo descansado que se encontraba. Pese a que se había pasado toda la noche dando vueltas, en algún momento había entrado en un sueño profundo y reparador. Tras una larga ducha caliente y el desayuno sacado de una máquina expendedora, estaba preparado para enfrentarse a un nuevo día. Dejaron el motel sobre las ocho de la mañana, preguntándose qué se encontrarían en la ciudad ahora que iban a comprobar el estado de Newt. Vieron a algunas personas desperdigadas, pero muchas menos que durante las horas punta del día anterior. Y Thomas no oyó ningún ruido extraño como los que habían percibido durante su largo paseo. —Os digo que algo está pasando —dijo Jorge mientras recorrían la calle en busca de un taxi—. Debería haber más gente por aquí. Thomas observó a los pocos transeúntes que había a su alrededor. Ninguno le miraba a los ojos; todos tenían la cabeza gacha y muchos se apretaban la mascarilla a la cara c...

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Capítulo 32 Thomas no podía estar más sorprendido. Al principio vaciló, pero luego salió a toda prisa del coche. La máquina poli estaba a sólo unos metros de distancia y en su lateral se había abierto un panel con una pantalla desde la que le miraba el rostro de Janson. El alivio le inundó. Era el Hombre Rata, pero no estaba en la máquina poli, no era más que una imagen de vídeo. Supuso que el hombre también le veía. —¿Qué ha pasado? —preguntó, todavía asombrado. Intentó apartar la vista del hombre que ahora yacía en el suelo—. ¿Cómo me has encontrado? Janson tenía la expresión más adusta que nunca. —Hizo falta una cantidad considerable de esfuerzos y suerte, créeme. Y de nada. Acabo de salvarte de este cazarrecompensas. Thomas se rio. —Bueno, vosotros sois los que les pagáis. ¿Qué quieres? —Thomas, voy a ser franco contigo. La única razón por la que no hemos ido a Denver para recuperarte es porque la infección allí aumenta de manera astronómica. Este es el medio más se...