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Capítulo 44 Thomas se sentó con la cabeza apoyada en la pared y los brazos cruzados. Teresa se había sentado con las piernas dobladas, de cara a él. Minho le había advertido que no la escuchara y que se alejara de ella. —Bueno —dijo la chica. —Bueno. —¿Por dónde empezamos? —Esto ha sido idea tuya. Dímelo tú. Si no tienes nada que decir, lo damos por concluido. Teresa suspiró. —Quizá podrías empezar dándome el beneficio de la duda y dejar de actuar como un capullo. Sí, sé que hice cosas en la Quemadura, pero también sabes por qué las hice: para salvarte a la larga. Entonces no sabía que se trataba de Variables y patrones. ¿Me crees? Háblame como una persona normal. Thomas dejó que el silencio inundara el aire por unos instantes antes de responder. —Vale, muy bien. Pero me dejaste tirado en CRUEL, lo que demuestra que… —¡Tom! —gritó, y por su expresión se diría que le habían dado una bofetada —. ¡No os dejamos tirados! ¿Qué dices? —¿Qué dices tú? —Thomas no comprendía...